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| | HOMILIA DEL PADRE RUPNIC SOBRE EL MOSAICO DE SANTA MARIA MADRE DE LA IGLESIA Nuestro párroco D. Javier atendiendo a nuestra petición nos ha hecho un excelente resumen de la homilía. Cuando hago un mosaico, no busco que sea como una exposición de arte, donde la gente acude sólo a admirar la belleza artística. Lo que intento con el mosaico es ayudar a descubrir lo que Dios nos dice a cada uno desde el lenguaje del arte, desde el lenguaje del amor. Por eso, explico el mosaico con una homilía, porque busco explicar el misterio de la fe que esconde esta obra. La Iglesia está dedicada a la Madre de Dios. Cuando en los primeros siglos la Iglesia comprende que Cristo es Dios verdaderamente, era lógico concluir que la madre que lo ha engendrado era madre de Dios, pero esto es un misterio grandísimo. Una mujer de carne y hueso ha dado a luz a Dios, porque estaba llena de gracia, porque en ella Dios ha hecho (ha cumplido) un gran don. Y es Madre de Dios porque ha tejido, en su seno, la carne del Hijo de Dios, la carne del Verbo. Por eso, en la iconografía de la Anunciación, muchas veces, María tiene un ovillo sobre su pecho, porque los grandes Padres del s.IV describen a María como la tejedora. Se cuenta que ella, cuando era niña, junto con las mujeres, tejían el velo del templo, pero el verdadero velo que estaba tejiendo era la humanidad de Cristo. Y ella ha dado la carne humana a Dios. Pero, ¿cómo es que ella es Madre de la Iglesia? Porque mirad: ¿qué es la Iglesia? La Iglesia somos la Nueva Humanidad redimida por Cristo. Y cuando Cristo asume la carne humana, asume toda la humanidad; y no hay ninguna humanidad abstracta, somos nosotros, que somos personas humanas. | | |
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| | Viaje a Zimbabwe
Del 6 al 20 de enero he tenido la ocasión de visitar a mis compañeros misioneros que trabajan en Gokue y Huange, dos diócesis confiadas al cuidado pastoral de dos misioneros españoles. D. Ángel Floro, natural de Albacete, obispo de Gokue desde el 20 de noviembre de 1999 y D. José Alberto Serrano, natural de Zaragoza, nombrado obispo de Huange el 5 de diciembre de 2006 y consagrado obispo el 3 de febrero de 2007. Pronto celebrará su quinto aniversario.
El motivo de mi viaje ha sido participar en el VII Encuentro continental de los misioneros del Ieme (Instituto español para las misiones extranjeras) del que soy miembro, que se hace cada cinco años y al que asisten representantes de los países africanos donde trabajamos: Mozambique, Zambia, Togo y el país anfitrión, en este caso Zimbabwe.
Durante cuatro días, los diecinueve misioneros presentes, hemos valorado el trabajo que se realiza en los diferentes países, hemos estudiado aspectos del documento postsinodal Africae munus (=El compromiso de África), la realidad de las sectas y grupos religiosos no cristianos y algunos temas como el trato dado a los ancianos, la hechicería, el valor otorgado a la mujer y África como pulmón espiritual para occidente. Todo en un ambiente de fraternidad y apoyo mutuo. He tenido ocasión de participar, los dos domingos de enero que he estado allí, el 8 y el 15, en las eucaristías de cuatro comunidades. He podido percibir lo que decía el Papa Benedicto XVI a la Curia romana el pasado 22 de diciembre, -recordando su reciente viaje a Benín-, la alegría de vivir la fe que tienen los africanos, que la expresan en sus cantos, en el ritmo que imprimen a sus movimientos, en sus ojos brillantes, en sus gestos. Y he pensado que los cristianos de África, a pesar de sus múltiples problemas, han comprendido perfectamente que Dios les ama y que quiere que sean felices por encima de todo y que tienen mucho que enseñarnos a los cristianos de Europa que adolecemos de falta de fe, de cansancio o de tedio.
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| | MOSAICO DE SANTA MARIA MADRE DE LA IGLESIA El mosaico que hace de retablo del nuevo templo de Santa María Madre de la Iglesia (templo que fue inaugurado hace más de un año en el barrio de la Almozara, y que pertenece a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario), ha sido realizado por el jesuita Marko Rupnik, con la colaboración de 14 jóvenes artistas de diferentes nacionalidades, y que tienen su sede en Roma, conocida como Centro Aletti. El mosaico que ha realizado el P. Rupnik y su equipo de jóvenes artistas no es solamente una obra de arte de gran belleza, sino que busca ser principalmente un medio de transmitir la fe, en el contexto de la Nueva Evangelización. Desde esta perspectiva, el mosaico del templo de Santa María Madre de la Iglesia, en el barrio de la Almozara (c/ Amsterdam, nº 1), es una autentica catequesis sobre la Iglesia, en cuyo origen María juega un papel de primer orden, al ser la Madre del Dios Encarnado, fuente de la Nueva Humanidad que forma la Iglesia. El conjunto son 5 mosaicos que narran, desde el lenguaje del arte, la Historia de la Salvación: la Creación, el pecado original, y como mosaico central, Cristo-Sacerdote que muere en la Cruz asumiendo el pecado de la humanidad para transformarlo en Vida Nueva, la vida de los hijos de Dios. Y donde María, al pie de la Cruz, señala el costado de Cristo, de donde salió “sangre y agua” (símbolos de la Eucaristía y del Bautismo, sacramentos de donde nace la Iglesia), y queda representada como la Madre de esa Nueva Humanidad, Madre de la Iglesia. En la capilla bautismal aparece el Bautismo de Jesús en el Jordán, sacramento por el que todos nosotros nos hacemos partícipes de esa Nueva Humanidad inaugurada en Cristo. En la parte final, aparece un mosaico que representa la aparición de Cristo Resucitado a María Magdalena y la Eucaristía como alimento espiritual de la Nueva Humanidad. | | |
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| | SALIMOS AL ENCUENTRO DEL SEÑOR Comenzamos el Adviento. La liturgia en estos días nos va recordando, conforme nos acercamos a la Navidad, que lo que sucedió en aquel tiempo, hace dos mil años, sigue vigente en nuestros días. Y que el Señor que vino, y se ha quedado con nosotros, ha de volver para que nosotros estemos siempre con El. Los cristianos tenemos que vivir este tiempo, y siempre, en tensión, entre lo que ya hemos recibido, y lo que todavía nos falta por recibir. Por eso es tiempo de esperanza, no de pasividad o de cruzarnos de brazos a verlas venir, sino de gozo y de esfuerzo para compartir nuestra alegría con todos. El Señor, que ya vino, como celebramos con los villancicos de Navidad, es el mismo que viene a todas horas en el hermano, y no precisamente siempre en un clima festivo y de alegría. Los problemas y las necesidades, incrementados por eso que llamamos la crisis, y que en definitiva es, como siempre, la falta de amor, la indiferencia, la insolidaridad, las desavenencias en la gran familia humana, están dejando en la pobreza y en la desesperanza a cientos de miles de hermanos. Dios se ha hecho presente en nuestro mundo para estar con nosotros, para caminar a nuestro lado, para compartir nuestras preocupaciones y problemas, pero, sobre todo, para brindarnos su ayuda en la solución de lo que nos complica la vida y no nos deja vivir en paz y felices. Por eso, no podemos quedarnos tan tranquilos, comiendo turrón, sino que debemos trabajar y comprometernos en compartir la cesta de Navidad con todos los que tienen hambre y sed, con los que están desnudos, con los enfermos, con los emigrantes, con los encarcelados. Salir al encuentro del Señor es salir al encuentro del hermano, del que nos necesita, y acogerlo y hacerle sitio entre nosotros y compartir nuestra esperanza y todo cuanto tenemos.
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