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Nos escribe Lucio: Cuaresma 2010

 

MISERICORDIA Y RECONCILIACIÓN

Esta Cuaresma del 2010 no es mi Cuaresma del 2009. Evidente. Para llegar a esta afirmación no hay que discurrir mucho. Pero para sacar algunas consecuencias de tal perogrullada tal vez convenga detenerse un poco y pensar, deporte que a todos nos fatiga mucho. Con la Cuaresma comienza para nosotros una nueva oportunidad de conversión. Con palabras sencillas: la Cuaresma me da la oportunidad de empezar a orientar mi vida hacia Dios y su misericordia, hacia Cristo y su evangelio, a dejarme conducir por el Espíritu en las alegrías y en las tristezas diarias. Eso es lo que quiere decir “conversión”: escuchar el paso de Dios por mi vida, volverme hacia Él, mirarle y sentir en mí su mirada, capaz de sacar de mí los mejores registros, algunos de los cuales ni yo mismo conozco. Y ésa es una Cuaresma siempre nueva. La del 2010.

Metidos en harina, me atrevo a sugerirte dos posibles lugares de conversión, nada nuevos.

El primero, vivir misericordiosamente, compasivamente. Dejar que la compasión se instale en nuestras vidas. Dicen que ha sido uno de los sentimientos que la tragedia de Haití ha despertado en muchos. Fue uno de los rasgos de la vida de Jesús, a quien se le conmovían las entrañas cuando veía a las gentes abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Y era capaz de dejar las noventa y nueve para buscar y cargar con la descarriada, o enferma, o herida. La compasión refleja bien el corazón de Dios: "Nuestro Dios es compasivo y misericordioso”, reza la Biblia. Movido por este sentimiento, Jesús pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por la miseria. Mostró así que Dios estaba con él.

El otro espacio que deseo ofrecer a tu conversión y a la mía es el de la reconciliación. Reconciliación con Dios y entre nosotros. Hay mucha crispación en las relaciones personales y de grupos, en todos los niveles humanos:

Reconciliación en la Iglesia, muy dividida entre personas y tendencias. Con la dificultad añadida de que todos creemos estar en posesión de la ortodoxia y la verdad, y con la tentación de utilizar el poder, el que se tenga, para imponer “mi verdad”. Una vez más vendrían bien aquí los versos de Antonio Machado:

"¿Tu verdad? No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela”. (Proverbios y cantares, LXXXV).

Reconciliación entre las naciones, separadas por un abismo cada día más grande, según denuncia constantemente la Iglesia y la vida martirial de sus mejores hijos: el abismo entre ricos y pobres, los que tenemos de todo y los arrojados al hambre y a la miseria. ¿No podemos hacer por ellos algo más, mucho más? ¿Somos los cristianos, es la Iglesia, signo del amor preferencial de Cristo a los pobres? Ya sabéis lo que dijo el Maestro, que lo que les hacemos a “Ellos” se lo hacemos a “Él”. ¿Nos arrepentimos de nuestra pasividad o indiferencia ante su pobreza? ¿Nos lo confesamos?

¡Feliz y santa Cuaresma, que culmina en la Pascua de Cristo resucitado.

Lucio Arauzo

 

 
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