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Nos escribe Lucio

 

HABÉIS RESUCITADO CON CRISTO

Es el saludo de Pablo en esta mañana de Pascua, y es también mi saludo y felicitación para todos vosotros. ¡Cristo, el que fue crucificado, ha resucitado y vive para siempre! Alegrémonos y demos gracias a Dios, porque donde está Cristo, que es nuestra cabeza, estamos ya también nosotros, que somos miembros de su Cuerpo. Dios nos ha llamado a la vida para hacernos participar de su misma vida. Somos hijos de Dios. En el Bautismo nos ha regalado una Comunidad de hermanos, que llamamos a Dios ¡Padre!, y nos envía al mundo para que seamos solidarios con los gozos y esperanzas, angustias y tristezas de toda la humanidad, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren.

Pedro nos dibuja a Jesús como aquel que, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu, ha pasado por la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. Al resucitar a su Hijo de entre los muertos, Dios ha puesto su sello sobre la persona, las palabras y la vida entera de Jesús, y se ha pronunciado en contra de lo que los poderes del mundo hicieron con él rechazándole y llevándole a la muerte. Aquel Jesús al que crucificaron, ha resucitado y vive. El crucificado es el resucitado, y el resucitado es el mismo que fue crucificado. Lo que dijo y lo que hizo mientras estuvo entre nosotros lleva vida eterna para cuantos creemos en él. Merece la pena seguirle.

En consecuencia con esta fe, el creyente entrega su vida entera, nueva y resucitada, al servicio del Reino. Así como Jesús vivió para el Reino del Padre, y lo vivió apasionadamente, así también nosotros. Con ilusión y gozo. Nuestros criterios y actitudes queremos que sean las de Cristo vivo. Nuestras relaciones humanas, como las suyas, especialmente volcados a favor de los pobres y marginados. Nuestra escuela de oración, su forma de oración: a solas, largos ratos, con Aquel que sabemos que nos ama, el Padre, y siempre sensibles a la vida de los hombres.

También nosotros, con María Magdalena, con Pedro y el discípulo a quien tanto quería Jesús, que somos cada uno de nosotros y nosotras, hemos ido hoy al sepulcro vacío, hemos visto y hemos creído: “¡No está aquí. Ha resucitado!”. ¡Vivamos ya desde ahora, amigos y amigas, una vida de resucitados! ¡En Cristo somos ya hombres y mujeres nuevos! ¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

 
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